La vida de Trevor Noah comenzó con un crimen, aunque no del tipo que implica robos o violencia. Nació en la Sudáfrica de los años ochenta, una época y un lugar gobernados por el brutal sistema del apartheid. Según la Ley de Inmoralidad de 1927, las relaciones sexuales entre personas de distintas razas estaban estrictamente prohibidas. Como Trevor nació de una madre xhosa, Patricia, y un padre suizo-alemán, Robert, su simple existencia era la prueba física de que se estaba infringiendo la ley. A ojos del gobierno, él era un error que nunca debió ocurrir. Si la policía descubría quién era su padre, Robert podría terminar en prisión y Patricia enfrentaría años tras las rejas. Para mantener a salvo a su familia, Trevor pasó gran parte de su niñez como un fantasma, oculto de un mundo que lo consideraba algo ilegítimo.
Logísticamente, ser un "crimen" era agotador y, a menudo, absurdo. Cuando Trevor era pequeño, no podía caminar por la calle de la mano de su madre. Si la policía veía a una mujer negra con un niño de piel clara, sospechaban de inmediato que lo había secuestrado o que